3 Hábitos para evitar la Procrastinación y la Pereza

3 Hábitos para evitar la Procrastinación y la Pereza
12/03/2018 Eva Gías

¿Por qué dejamos para mañana lo que podemos hacer hoy? ¿Por qué nos dejamos llevar por la procrastinación ante las tareas del día a día? Aún sabiendo que no estamos actuando de la manera que más nos conviene, no son pocas las ocasiones en las que elegimos posponer tareas de manera totalmente voluntaria (aún siendo conscientes de las consecuencias). Sobre todo aquellas tareas que menos nos motivan, las que son aburridas, las repetitivas o aquellas que nos hacemos creer que no vamos a lograr con buenos resultados.

Muchas de estas tareas son pequeñas obligaciones que de manera individual pueden no acarrear serios inconvenientes. El problema es cuando llevamos el “ya lo haré mañana” tatuado en la frente y terminamos por posponer todo. Y es que no nos paramos a pensar en lo que supone la suma de todas esas tareas pospuestas que, en muchos casos, puede ser sinónimo de fracaso total. Fracaso, a nivel personal y fracaso a nivel profesional (y ya no te digo nada si eres emprendedora y prácticamente todo tu éxito y facturación depende de tu forma de gestionar el tiempo y lo productiva que puedas llegar a ser).

CÓMO FUNCIONA LA PROCRASTINACIÓN

Antes de poder ver algunas ideas con las que podrás vencer la procrastinación, es importante que sepas cómo funciona. La procrastinación, por norma general, sigue una serie de fases que se suele repetir en casi todos los casos:

FASE 1 – EL COMIENZO: EL TIEMPO ES INFINITO

El comienzo: El tiempo es infinito. Cuando empezamos un nuevo proyecto o nos fijamos un nuevo objetivo (como ir al gimnasio, típico de principios de cada año), el tiempo que tenemos por delante para llevar a cabo ese proyecto nos parece infinito (y treméndamente elástico). Intentamos ponernos a trabajar en ello varias veces, sin ningún éxito ya que no hay nada que nos motive realmente a llevarlo a cabo.

FASE 2 – LOS DÍAS PASAN: “YA LO HARÉ MAÑANA”

Los días pasan: “Ya lo haré mañana”. ¿No te ha pasado en ocasiones que intentas sentarte a trabajar en un proyecto y se te hace imposible concentrarte lo suficiente para poder ir avanzando en tu objetivo? ¿O te fijas una fecha y hora en la que sentarte a trabajar, pero surgen imprevistos que te hacen posponer sin parar ese objetivo? Estamos en la segunda fase, esa en la que “te ves obligada” a dejar para otro día tu objetivo porque siempre hay algo que te distrae de tu plan de sentarte a trabajar. En esta fase te acuestas cada día preguntándote dónde se escapan las horas del día.

FASE 3 – EL TIEMPO SE AGOTA

El tiempo se agota. La fecha en la que debería estar terminado ese proyecto y objetivo se está acercando. Ves como las horas, que antes eran tan elásticas, de pronto se van tornando escasas. Estás deseando tener un hueco libre para sentarte a llevar a cabo tu objetivo. Sin embargo, cada vez que se presenta la oportunidad te pones a trabajar en tareas secundarias (como ponerte a ordenar la oficina, hacer limpieza del correo electrónico o avanzar en tu lista de tareas pendientes). En el fondo sabes que NO es lo que deberías estar haciendo, pero intentas convencerte que realmente estás haciendo algo productivo.

En esta fase es fácil dejarte llevar por la tentación y terminar haciendo actividades que te dan cierto placer temporal (como irte de compras, coger ideas en pinterest, navegar por instagram, ver tutoriales de youtube o echarle un vistazo a tus blog favoritos). En cierta manera te liberan del estrés y la ansiedad que crece en tu interior por no estar trabajando en tu objetivo o proyecto. Lo malo es que, una vez estás dentro de ese “momento desestresante/placentero” te resulta casi imposible salir de ahí y el día termina por agotarse. Así que vuelves a decirte: “Mañana, sí que sí me pongo con ello”.

El peligro de esta fase es que en ocasiones tiendes a convencerte que te habías marcado un objetivo demasiado grande para ti y comienzas a fantasear con una vida mejor (en vez de sentarte a trabajar por conseguirla). Intentas soñar con el camino fácil: Te toca la lotería, un hada va a aparecer con su varita mágica y va a hacer retroceder el tiempo o te va a hacer llegar tu proyecto terminado de la noche a la mañana… (seguro que sabes por experiencia que este tipo de milagros no suelen ocurrir).

FASE 4 – PUNTO DE NO RETORNO. TE PONES A TRABAJAR COMO LOCA

Un día de pronto, un resorte se mueve en tu interior y tu mente se enfoca como nunca en terminar tu objetivo. Trabajas sin descanso hasta que (si hay suerte), logras terminar ese proyecto a tiempo.

Quizás te ha salido bien en esta ocasión, aunque en el fondo bien sabes que tu proyecto dista mucho de tener la calidad que podría haber tenido. Te conformas con haber llegado a tu objetivo y te prometes que para la próxima la cosa cambiará, vas a dejar de procrastinar y te sentarás a trabajar un poco cada día hasta conseguirlo.

 

AUTOENGAÑO Y PROCRASTINACIÓN

Existe una línea muy delgada que se mueve entre el autoengaño y la procrastinación y que, sin darte cuenta, puedes convertir en un hábito en el que te apoyas cada vez que pospones una tarea, como una manera de excusarte por no haber hecho esa tarea que tenías que hacer.

Excusas o imprevistos que terminas por exagerar, para convencernos a nosotras mismas que no tenemos la culpa de haber llegado tarde, no haber contestado a ese email, a esa llamada, no haber terminado el curso al que nos apuntamos, no haber hecho esa tarea para el trabajo,…

Seguro que se te podrían ocurrir mil y una cosas que has pospuesto durante las últimas semanas. Mil y una cosas a las que tu primera reacción fue: “¿Pero cómo iba a saber que…?”. Porque, si no podías prever esa situación, ¿quién te podría culpar de no haberlo conseguido?

 

UN DATO CURIOSO SOBRE LOS PROCRASTINADORES

Tras cientos de investigaciones, los científicos han obtenido el siguiente resultado: Hay un rasgo de las personas que destaca por encima de todos en las personas procrastinadoras. Y este rasgo es la impulsividad.

Vivir impacientemente el momento, quererlo todo ahora mismo, pensar prácticamente siempre a corto plazo, tener dificultad por definir objetivos futuros. El impulsivo muestra cierto grado de ansiedad antes las tareas que tiene que hacer que el resto de personas y, según muestras los resultados de todas estas investigaciones, la impulsividad conduce a los procrastinadores a ser desorganizados, a que se distraigan fácilmente (incluso cuando ya se han puesto a trabajar) y a que les resulte difícil planificar el trabajo por adelantado. Y, debido a todo ello, la consecuencia inevitable para ellos es la procrastinación.

Cuando leí estos resultados por primera vez no pude evitar acordarnos de nosotros, los multiapasionados y de cómo actuamos según el momento de nuestro ciclo multiapasionado en el que nos encontremos. Sobre todo, cómo tendemos a posponerlo todo cuando estamos inmersas en el momento “descubrimiento de una nueva pasión”, cuando sólo podemos pensar en aprender más y más cosas nuevas sobre ese tema en concreto.

 

3 SENCILLOS HÁBITOS PARA EVITAR LA PROCRASTINACIÓN

Por fortuna existen una serie de hábitos que puedes incorporar a tu día a día para evitar sufrir las consecuencias de la procrastinación, y que puedes aplicar incluso cuando estás en la fase de “nueva pasión” en la que parece que lo único importante y en lo que debemos centrarnos es en ese nuevo tema (y en la que solemos dejar de lado la mayor parte de nuestras obligaciones o listas de tareas pendientes).

HÁBITO 1 – LOS TEMAS QUE TENDRÁN CONSECUENCIAS GRAVES, HACERLOS YA

Hemos hablado muchas veces en el blog como hay determinados imprevistos que nos obligan a parar sí o sí, aunque no queramos, aunque no estemos preparados para ello. Imprevistos del tipo: Alguien cercano fallece o se pone muy enfermo, se nos estropea el coche, nos quedamos sin conexión a internet, llega una carta de hacienda o se nos estropea el ordenador y no podemos trabajar.

Estos son imprevistos del tipo “que te rompen los esquemas”, de los que te hablé en el post “3 técnicas que te ayudarán a eliminar imprevistos“.  Son temas urgentes sobre los que, pocas veces, procrastinamos debido a su naturaleza.

Lo que no nos paramos muchas veces a pensar es en aquellas que, de no hacerlas, podrían derivar en problemas urgentes. Esos que, no podemos denominar imprevistos (por mucho que queramos echarles la culpa), porque en el fondo sabemos que podríamos haber hecho algo para que la bola no se hiciera tan grande.

Como por ejemplo, esas veces que posponemos contarle algo a nuestra pareja o amigos porque sabemos que podríamos comenzar un conflicto. Dejas pasar los días para ver “si te armas de valor”, y cuando te decides a hablar del tema (si las circunstancias no te han llevado a hacerlo ya), la bola se ha hecho tan grande que puede incluso significar el fin de la relación.

O como por ejemplo, esa carta que nos llega del ayuntamiento avisando que no hemos pagado un impuesto y que nos decimos: “Mañana iré al banco”. Pasan y pasan los días y siempre “surge” algo que nos hace posponerlo. Llegan cartas con multas y, al final, terminan por embargarnos la cuenta y algún bien.

O como esas relaciones a las que te metes sabiendo que no estás con la persona adecuada. En las que aguantas porque te da pena romperle el corazón, o ahora no es el mejor momento, o mil excusas más. Y cuando te das cuenta, estás de frente al altar, esperando responder al “sí, quiero” y a ti lo que te sale es un “no quiero”.

Y te voy a poner otro ejemplo real que le pasó a un antiguo compañero de trabajo, que se pegó todo el fin de semana con un ligero dolor en el pecho. No le dio importancia y el lunes fue a trabajar por la mañana. “Ya iré a mediodía al médico”. Lamentablemente, no le dio tiempo y falleció de un infarto justo antes de la hora de comer.

Son casos extremos aunque seguro que te viene a la cabeza algún hecho que ha traído graves consecuencias, a ti o a alguien cercano en los últimos años.

Este tipo de tareas, que “las puedes ver venir”, y que sabes que traerán graves consecuencias si no las llevas a cabo ya, es mejor que te las quites de encima cuánto antes. Si es “ahora”, mejor que “mañana”. Por muy duro que sea hacerlo, párate a pensar en las consecuencias de no hacerlo. Y es que, aunque cierres los ojos, ten por seguro que esas consecuencias llegarán y pondrán tu vida patas arriba.

HÁBITO 2 – LAS TAREAS PEQUEÑAS Y RÁPIDAS, HAZLAS INMEDIATAMENTE

Qué levante la mano quién no ha pospuesto alguna vez tareas tan pequeñas como recoger los platos en el lavavajillas, sacar la basura, contestar un whatsapp o hacer una llamada de teléfono para pedir cita para depilarse las piernas.

El inconveniente es cuando estos pequeños gestos se han convertido en malos hábitos que casi tenemos incrustados en nuestro adn. En mi post “Cómo mantener tu casa limpia con el menor esfuerzo posible” te conté un pequeño truco que puedes comenzar a incorporar a tu día a día y que te ayudará mucho a quitarte estas pequeñas tareas que se van enquistando en nuestra lista de tareas pendientes.

LA REGLA DEL: “LO TOCO, LO HAGO”

  • Tocas el plato al quitarlo de la mesa, automáticamente lo metes en el lavavajillas.
  • Tocas el teléfono para cotillear facebook, te obligas a hacer antes esa tediosa llamada.
  • Tocas un papel que ya no sirve, directamente a reciclar.
  • Tocas la bolsa de la compra, automáticamente la vacías y recoges todo.

En mi caso me ayudó muchísimo incorporar esta regla a mis quehaceres diarios para olvidarme de la dilación y dejar de posponer todo aquello que me da más pereza hacer. Y sé que no soy la única, porque desde que publiqué ese post me habéis escrito infinidad de veces para hablarme de lo que os ha ayudado.

Así que si no la conoces, te invito a que la pruebes durante unas semanas, porque seguro te va a traer mucho orden y paz, tanto exterior como interiormente.

HÁBITO 3 – CREAR MINI-HÁBITOS PARA LAS TAREAS MÁS COMPLICADAS

A menudo la gente abandona antes de lo esperado esos objetivos que requieren un gran esfuerzo para llevarlos a cabo (o incluso sólo para comenzar a hacerlos). Se me ocurren algunos muy típicos:

  • Hacer ejercicio de manera regular,
  • dejar de fumar,
  • perder peso,
  • aprender un idioma,
  • mantener la casa ordenada,
  • escribir un blog…

Tal y como dice Stephen Guise en su libro: “Mini Hábitos, cómo lograr grandes resultados con el mínimo esfuerzo“:

“Cuando las personas intentan cambiar, generalmente tratan de entusiasmarse por el cambio. Pero no importa cuánto quieras el cambio, porque ¡aún no has cambiado! A medida que la motivación disminuye, también lo hace el progreso. No necesitas más motivación, necesitas una estrategia.

Y la estrategia que él propone es la siguiente: Marcarte objetivos pequeños, que sean muy fáciles de cumplir y por tanto, muy fáciles de convertirse en hábitos. Mini-Hábitos les llama él, porque son en realidad parte de lo que sería el hábito final que queremos lograr.

Siguiendo los ejemplos anteriores:

  • Hacer ejercicio de manera regular -> Un mini-hábito podría ser ponerte la ropa de deporte.
  • dejar de fumar -> Usar un cigarrillo electrónico.
  • perder peso -> Comer ensalada todos los días.
  • aprender un idioma -> Ver películas o series en versión original.
  • mantener la casa ordenada -> La regla del “lo toco, lo hago” de la que hablábamos antes.
  • escribir un blog -> Escribir 100 palabras cada día.
  • etc.

Lo importante es encontrar ese mini-hábito tan sencillo que hasta parezca un poco ridículo y que puedes hacer a cualquier hora del día. El fin es que, al realizar estos mini-hábitos a menudo te encontrarás realizando más de lo que habrías imaginado inicialmente.

EN RESUMEN

Vencer la procrastinación y la pereza es más fácil de lo que parece. Mentalizarse de que las consecuencias de sumar pequeñas tareas, nada importantes en apariencia, pueden ocasionar graves daños tanto en tu vida como en tus relaciones sociales, es un primer paso para darte cuenta de la importancia de romper con este mal hábito.

Nuestra naturaleza multiapasionada nos lleva a dejarnos arrastrar por la fuerza de nuevas pasiones y esa impulsividad, según han descubierto los científicos, nos lleva a ser personas desordenadas y procrastinadoras por naturaleza. Pero eso no implica que debas darte por vencida y pensar que no hay solución, porque sí la hay. Y la verdad es que es más fácil de lo que pueda parecerte hoy.

Incorporando a tus rutinas diarias los tres sencillos hábitos que hoy te he enseñado, descubrirás lo fácil que resulta ir venciendo cada día más, la procrastinación y la pereza.

Y tú, ¿eres de las que tiendes al “ya lo haré mañana”? ¿O eres de las que nunca pospones nada?

¿Aplicas alguno de los hábitos que te he enseñado hoy?

¿Qué te ha parecido este post?
[Votos: 4 Puntuación: 4.8]
WordPress Security